Fugas de duermevela: Prosas heridas

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Fiel a su paradigmático estilo, la autora nos ofrece un texto fronterizo, ambiguo y alucinante. Las prosas incluidas son sesgadas por instantes poéticos que abren el texto hasta sus límites y retar así al lector más atrevido.
Dinorah Cortés-Vélez
Fugas de duermevelaFugas de duermevela
Precio de venta$20.00
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Descripción

Si es capaz de entrar en la “indecibilidad del laberinto” de la palabra, del lenguaje cultivado, sosfisticado y no le teme a adentrarse a la noche, “la soir”, con sus incongruentes sombras y desconcertantes sueños, entonces, podrá disfrutar de las viñetas o misceláneos desvelos de Fugas de duermevela. Metáfora de una escritura en diálogo con las mejores tradiciones literarias, pero con brújula propia, y abierta a la novedad de la construcción en la ficción y a la experimentación con el lenguaje hasta suprimir sus reglas. Este turbulento ejercicio o “metalenguaje” pareciera querer minimizar el impacto al lector de los sueños-cuadros humanos, prosas heridas de marginalidad, xenofobia, misoginia, violencia e inequidades milenarias y ancestrales. No obstante este conjunto de crueles “imágenes disgregadas”, la sutil y experimentada retórica de esta narradora nos ofrece pausas, “calma ojos” o variantes interludios que nos regresan a la pureza del amor, la infancia, la familia, el misticismo. Este libro requiere dejar atrás lo esperado y adentrarnos en el rito de lo textual.
–Doris E. Lugo Ramírez, Ph.D.

(Fragmento)

EL TRANSEÚNTE DE NEBULOSAS

…fuiste transeúnte de nebulosas,

viendo cosas que no acababan de hacerse inteligibles…

–Alejo Carpentier,El arpa y la sombra

El transeúnte de nebulosas arribó a Guanahani el 12 de octubre de 1492. Posó de inmediato la mirada en los pedazuelos de oro que traían los naturales de la isla colgados de agujeros que tenían en las narices; una especie burda eran aquellas piedrecillas, pensó con desprecio. Comenzó, en el acto, a urdir la legendaria patraña de que y que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho. Pero lo que de verdad captó su apetito fueron aquellos mancebos de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras, gigantes que vinieron desde la hora en punto a quitarle el sueño de molinero sin cereal que moler en sus molinos. Se iba, pues, de claro en claro queriendo ver colmada su ansia de verterse siquiera dentro de uno de aquellos vasos de su lujuria. Trocó entonces el tétrico viandante la escasez del químico amarillo elemento por cuerpos. A falta de poder follárselos (cosa que le impedía el grave riesgo que suponía para sus ambiciones mercantilistas y nobiliarias ser sorprendido en pleno “pecado contra natura”), optó por hacerlos esclavos, y pretendió, no contento, simplificar el cuento, sugiriendo que eran “pusilánimes” por andar todos desnudos como sus madres los habían parido, y sin armas. Así fue urdiendo la historia famosa de su propia infamia.

 

Dinorah Cortés-Vélez (1971) es de Isabela, Puerto Rico. Obtuvo su Ph.D. en literatura colonial latinoamericana en la Universidad de Wisconsin-Madison. Es Catedrática Asociada en Marquette University, Milwaukee. Ha publicado tres libros de ficción, El arca de la memoria: una biomitografía (San Juan, Puerto Rico, Isla Negra, 2011), Cuarentena y otras pejigueras menstruales (San Juan, Puerto Rico, Isla Negra, 2013) y Poemas de la soledad en Wisconsin (San Sebastián, Puerto Rico, Indómita, 2015). Ha publicado diversos artículos de prensa cultural (Claridad, El Post Antillano y Revista Cronopio). Tiene terminado el manuscrito de su primer libro sobre Sor Juana Inés de la Cruz.

Autor
Dinorah Cortés Vélez
Dimensiones
5 x 8
Encuadernación
rústica plastificada
Año
2018
Páginas
120
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